martes, 15 de diciembre de 2009

Buscar resultados por arequito en Yahoo! Video

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Ahora un lugar para la magia...

Cuando pensaba en el nombre del blog, medité durante un rato y al final quedó magia y cuentos. Lo de los cuentos esta bastante claro, pero lo de la magia (para aquellos que no me conocen) es mi otra pasión. Desde hace catorce años, empecé a jugar con la magia y hoy es una actividad que me gratifica cada vez que piso un escenario. Aquí va una pequeña muestra del último show ("Talismán"- 2009). Este es es tercer show pensado para ser presentado en teatros. Lo que va aquí, en realidad, es un fragmento grabado que proyectamos durante el show, la otra parte, es una rutina de sombreroflexia. Ojala lo disfruten tanto como cuando lo realicé.

martes, 3 de noviembre de 2009

El tunel

El cuento elegido este mes para subir al blog, es uno con un estilo totalmente diferente a los demas. Este fue publicado por Editorial Nuevo Ser en 2009.

EL TUNEL


El mediodía era implacable. El verano era más caliente y seco que en otras oportunidades. Los reclusos salían al patio de la penitenciería, donde el calor, parecía en cierta forma, parte del castigo. El predio era de tierra y había unos paredones enormes con alambres de púas en la parte superior. En cada esquina había unas especies de torres, donde los guardias vigilaban cada acontecimiento con mucha atención. La cárcel era bastante antigua y se había elevado al rango de máxima seguridad. En la medida que todos salían al patio, se podía percibir como se iban armando los diferentes grupos o pandillas. Casi siempre, al final de la fila de presos que venían desde el comedor, aparecía Mario Heredia, escoltado por sus compañeros de celda. No era el más viejo de la cárcel, pero tal vez, era de los más respetados. La dureza en su rostro, hacía temblar a quien se enfrentara directamente con el y ya se había cargado a más de un líder de otras bandas internas. Hacía diez años que Heredia estaba preso y solo un milagro lo pondría en libertad. También era consciente de las miradas severas de los guardias sobre el, esto hacía que se sentara siempre en unos viejos bancos al costado de lo que hacía las veces de cancha de fútbol. Solo algunos días, cuando no hacía tanto calor, dedicaba algunos instantes a levantar las oxidadas pesas del gimnasio improvisado al aire libre. Siempre estaban al lado de Heredia, el tano (nadie conocía su nombre exacto) y Héctor Guimaraes, el “brasuca”.
- Brasuca, ¿hablaste con Villegas? ¿Cómo va todo?
- Lo ví en el comedor y me dijo que nos quedáramos tranquilos, Mario. Está todo bien, no es fácil pero está todo en marcha.
- No quiero que se estire mucho tiempo más. A alguno se le va a escapar algo y no quiero quilombos.
Hacía un mes que Villegas había hablado con Mario, acerca de un proyecto que tenía en mente. Como el edificio era bastante antiguo, algunos reclusos, habían descubierto ciertos sectores en los pisos de algunas celdas, que eran lo suficientemente blandos como para intentar cavar un túnel. La celda elegida para iniciar el trabajo, era la de Villegas y Mario, estaba al tanto de todo lo que pasaba al respecto. La idea era sencilla: cavar un túnel que los llevara a la parte posterior de la cárcel que daba a un campo. El largo del conducto sería de unos veinticinco metros y los involucrados en esta maniobra eran seis o siete nada más. Todos estaban implicados en la excavación, menos Mario, que era seguido muy de cerca por los guardias. Esta circunstancia era aprovechada para distraer la atención de los otros que estaban trabajando en el túnel. Todo estaba perfectamente cuidado. La tierra que se extraía se tiraba en los retretes de las celdas, para no dejar huellas, siempre alguno se quedaba en la puerta para vigilar la presencia de los guardias y evitar así que descubrieran el hoyo. Los turnos de trabajo eran cortos en tiempo debido a que lo estrecho y húmedo del terreno, restringía la capacidad del trabajo de los presos. De cualquier manera, Heredia había puesto un límite de tiempo, que no debía pasar las cuatro semanas. Nadie se atrevía a contradecirlo, era cierto que se necesitaba un poco más de tiempo para hacer las cosas bien, pero la orden era clara. Mientras se trabajaba en el túnel, Mario estudiaba como llevar adelante el escape. Elegir el mejor momento y horario para que esto pasara desapercibido para los guardias, quienes demostraban una gran efectividad a la hora de desarticular cualquier intento de fuga. A los pocos días, Villegas se cruzó con Mario en el patio. No hablaron, solamente fue un cruce de miradas que resultaba mucho más explícito que mil palabras. Mario se dirigió directamente al banco que ocupaba habitualmente y esperó que llegaran sus amigos, con la paciencia de quien sabe lo que hay que hacer.
- Ya está todo listo, Mario. – dijo el tano por lo bajo.
- Lo vamos a hacer mañana. Hoy es día de visitas y hay mucho revuelo afuera. No quiero ningún tipo de interferencias. – Mario sabía de lo que hablaba. Tenía todo absolutamente medido.
Esa noche fue diferente para ese puñado de reclusos que gozaban de una libertad anticipada. Mario no durmió. Pensaba en lo que haría el día siguiente. Los muchachos del bar lo esconderían algunos días hasta que se olvide todo. Pensó en el reencuentro con Martha, la compañera de toda la vida. Ella sufría como nadie, pero soportaba en silencio la ausencia de su marido. Ella no hubiera estado de acuerdo con la fuga. Martha quería que Mario cumpla la condena y luego poder comenzar una nueva vida lejos de ahí. Pero el espíritu rebelde e indomable de su marido no le permitía quedarse un minuto más en la cárcel. El tano y el brasuca, tampoco durmieron. Cada uno a su modo, disfrutaba el dulce sabor de la libertad cercana. El día indicado llegaba por fin. No estaban nerviosos. Solo era la sensación de vértigo que la adrenalina aporta. Ese día era normal para todos, menos para ese puñado de hombres dispuestos a correr el riesgo de la fuga. Por la tarde, se ultimaron algunos detalles, Villegas le había asegurado al brasuca que estaba todo listo y solo faltaba tomar la decisión. Al caer la noche, todos volvían a sus celdas. Mario había colocado la traba en los pestillos de las celdas para que en el momento del cierre, quedaran secretamente abiertas, y de esa manera, por la madrugada, huir. El tano, vistió las almohadas que ocuparían sus lugares. De esa manera, hasta que descubrieran sus ausencias, ellos ganarían algo más de tiempo para esconderse. Se apagaron las luces de los pasillos y el ruido de las trabas de las celdas marcaban el final de un nuevo día para todos. Pasada la medianoche, apenas eran visibles las sombras de Mario y sus amigos, al desplazarse por el pasillo hasta la celda de Villegas. Todo era muy sigiloso, muy lento, muy estudiado. Entraron y los gestos en la penumbra eran suficientes para entenderse. Mario se agachó ante la cama y pudo vislumbrar el oscuro agujero que lo llevaría a la libertad. Detrás de el, se deslizó el tano, el brasuca, Villegas y los otros dos que habían trabajado en el túnel. El hoyo era estrecho y húmedo. Apenas se podía maniobrar con los brazos para avanzar hacia el objetivo. De repente, Mario, vió en el fondo del túnel, una luz, un resplandor. Recordó el reflejo de la luna que entraba en su celda a través de las rejas y avanzó seguro hacia la luminosidad del final. Todos lo seguían. En la medida que se acercaban a esa luz, Mario percibió como el túnel se iba agrandando. Ya no le resultaba tan incómodo como al principio. No sentía la humedad ni el tufo del encierro. Ya estaban cerca del final. Repentinamente ese fulgor se agigantó y ocupó todo el espacio. Mario sintió que se podía parar. Giró y vió al tano, al brasuca, a Villegas y los demás parados detrás de el. Se abrazaron y saltaron sin hacer ruido. Mario siguió mirando a su alrededor pero la iluminación lo enceguecía. No sabía bien adonde estaba, pero sentía una plenitud nunca antes sentida, al igual que los otros. Siguieron caminando juntos por la luz. Estaban al fin libres.

- ULTIMO MOMENTO. – Mostró la placa plena del canal de noticias. – Frustrado intento de fuga en la cárcel número ocho de nuestra ciudad. Al parecer, un grupo de reclusos, cavaron un túnel para escapar y mientras llevaban a cabo la huída, se derrumbaron las paredes del conducto subterráneo quedando todos adentro del mismo. Hasta el momento, serían seis los muertos en este accidente. Ampliaremos en el noticiero central.

viernes, 9 de octubre de 2009

La Sombra

Este fue cuento fue editado por Edit. Dunken en el año 2008. La selección de cuentos se llama "Lunario". Como en cada uno de los cuentos escritos hasta el momento, son absolutas ficciones que me divierten dejarlas desarrollar. Algún amigo me dice siempre que tengo una carrera de autitos en la cabeza y quizás tenga razón... Aquí vamos con "La Sombra"

“LA SOMBRA”

- Atilio no está. Lo internamos la semana pasada.- dijo la madre amargamente a través de la mirilla de la puerta a Lucas, uno de los amigos que siempre iba a visitarlo.
Hacía casi seis meses que Atilio había comenzado a tener una conducta extraña. El decía que se sentía perseguido, que alguien lo estaba acechando y que lo iban a asesinar. Todos coincidían en que era una ficción suya. Nadie podía creer en un plan para eliminar a un chico tan bueno como Atilio. Con el tiempo, esta persecución que sentía se fue agravando. Ya no salía de la casa y vivía recluido en su cuarto. Solo recibía la visita de algunos amigos, que insistían en convencerlo que no había nada de que temer. Un día, a Lucas le llamó la atención que estuviera encerrado en el cuarto a oscuras y ni aun habiendo entrado un amigo, Atilio aceptaba encender la luz. Fue en ese momento cuando confesó su sospecha. Ante la mirada absorta de Lucas, Atilio aseguró que su sombra era quien lo acechaba permanentemente.
- No me deja solo nunca y siempre se ubica detrás de mí, Lucas. Cada vez que la miro, intenta imitar mis movimientos. Yo se que finge, a mi no me va a engañar. Estoy seguro que en cualquier momento la voy a descubrir.
A partir de esta sospecha, el vivía en la mas hermética oscuridad que uno pudiera imaginar y cada vez que alguien entraba a su cuarto, se apoyaba contra la pared,





para evitar la aparición de su sombra. La angustia de su madre la había llevado a consultar a más de un médico y la recomendación de todos, era internarlo en alguna clínica de salud mental para ayudarlo. El aceptó con una única condición: oscuridad total en su habitación. Con el correr de los días, esta situación cambió. El comprendió sobre la dificultad para tenerlo a oscuras todo el tiempo, y accedió a que colocaran una reja, de manera que, cuando entraba la luz por la ventana, su sombra se reflejara detrás de la barrotes. De esa manera se sentía seguro.
Todo funcionaba más o menos bien, hasta la mañana en que una enfermera lo encontró muerto. En su rostro había una mueca de pánico congelada. Tenía los ojos abiertos y las sabanas estaban en desorden. No había rastros de violencia física en su cuerpo, solo una expresión que aterraba. Enseguida llegó la madre, acompañada por el medico que lo atendía. Lo revisó brevemente e indicó para que ubiquen el cadáver sobre la camilla. En ese instante, la madre llegó a percibir, mientras los enfermeros cargaban los restos de Atilio, que a pesar de la luz del sol de la mañana que entraba por la ventana, el cuerpo no reflejaba ninguna sombra.
Un frío gélido le corrió por la espalda.
No dijo nada.
Se limitó a llorar la muerte de su hijo.

viernes, 2 de octubre de 2009

Presentacion en complejo la Plaza



Esta foto fue tomada el 31 de mayo de 2009 en el complejo La Plaza en Buenos Aires. Ese día, la editorial Nuevo Ser presentaba el libro "Nueva Literatura de Habla Hispana 2009". En el tomo 2, hay seleccionados tres cuentos míos. Uno de ellos es "Vida Fugaz", los otros ya los iré subiendo de a poco...

martes, 29 de septiembre de 2009

Vida Fugaz

El juego de escribir es apasionante y por sobre todas las cosas, libera ideas que quizas uno no se animaría decir. Al menos en mi caso funciona así. El caso de este cuento: "Vida fugaz" fue bastante interesante. Cuando comencé con la idea, jamas hubiera imaginado el desarrollo veloz del cuento. De todas las cosas que escribí, tal vez sea uno de los que mas me gusta (o que mas quiero) porque condensa el vertigo en el que a veces parece en el que estamos inmersos. Este cuento fue publicado en Editorial Nuevo Ser en 2009. Aqui les presento Vida Fugaz

VIDA FUGAZ

Cuando sea grande, quiero ser astronauta. Ayer, vi en la tele, a unos hombres que se ponían unos trajes plateados y viajaban a la luna. Hacían muchos experimentos y tenían grandes aventuras súper divertidas. Mi mamá me dice que es difícil, que hay que estudiar mucho mucho y que primero tengo que tomar la leche y comer toda la comida para crecer sano y fuerte. Yo le hago caso a mi mamá, porque yo quiero ser un astronauta. Igual, esa era una idea de cuando yo era más chico. A mi lo que me gustaría ser es corredor de autos. Con mi papá nos levantamos todos lo domingos para mirar carreras. Yo le digo siempre que quiero ser piloto cuando sea grande. Mi papá me dice que sería más fácil que empiece con otro deporte y después, a lo mejor, puede ser que corra en autos. Lo cierto es que ya juego al fútbol hace un montón. Desde muy chico que voy al club de mi pueblo y ya estoy cansado de jugar. Lo que a mi me gusta es el tenis. La semana pasada vi la copa Davis en la tele y me parecería súper poder llegar a jugar ahí. Cuando crezca y sea mayor, voy a ser tenista, ya lo tengo resuelto. Eso es lo que quiero. Sigo practicando deportes, solamente porque mis viejos me obligan. Ellos no entienden que a mí me gusta la música. Lo que yo quisiera es que me compren una guitarra eléctrica y aprender a tocar rock. Entonces tendría la posibilidad de tener una banda y salir a tocar por ahí. Ellos insisten en que estudie y haga deportes. Lo único que se, es que cuando sea grande voy a tocar rock en una mega banda. No es que me haya dejado de gustar la música, pero el padre de mi novia me dice que yo tendría capacidad para ser un gran médico. Siempre me llamó la atención la biología y esas cosas. Ahora, en el secundario, es donde mejores notas tengo y me parece que es lo que voy a hacer cuando me reciba. Aparte los médicos ganan mucha plata y voy a hacer otras cosas que me gusten. Y no es cierto que no me agraden otras actividades, pero las exigencias en la facultad son muchas. Estudiar medicina es muy largo y difícil. No me quiero apurar a estudiar, de cualquier manera en la vida hay tiempo para todo, como me dicen siempre mis viejos. Cuando termine de estudiar, me gustaría hacer alguna experiencia en el exterior. Tengo unos amigos que viajaron a Estados Unidos y me cuentan todo lo que hay allá. Siempre me escribo con ellos. Me encantaría ir a visitarlos, pero justo ahora que terminé la especialidad (al final me decidí por oftalmología) tengo la posibilidad de entrar a trabajar en una importante clínica. Aparte estoy recién casado y con Silvina tenemos muchos proyectos en común. Más adelante los iré a ver. Seguramente vaya a algún congreso importante, como el último al que fui a disertar en España. Fue una experiencia increíble poder demostrar la utilidad de mi nueva técnica en implantes oculares. Recibir una ovación de pie por parte de mis colegas fue algo inolvidable. Quise recorrer un poco Europa pero mis obligaciones en el país me impidieron que me de ese lujo. Aparte extraño mucho a mi esposa y mis hijos cuando viajo. Ya están tan grandes. Basilio está en la primaria y Amandita en el jardín. Es sorprendente como crecen los chicos. El día que me jubile, voy a tener el tiempo suficiente para dedicarme a mi familia y mis plantas, que tanto me relajan. Sobre todo, después de haber quedado viudo. De cualquier manera, ayer tuve una noticia que me cambió la existencia y me devolvió las ganas de vivir. Amandita me llamó al celular y me dijo que está embarazada. Me largué a llorar como un chico, no lo puedo creer todavía. Siempre lo cargaba a Martín, mi yerno, no me vas a hacer abuelo joven, ¿no? Esto es muy intenso para mí. Sobre todo ahora que por fin me retiré. Hoy recibí una tarjeta de mis amigos que están en Estados Unidos, creo que voy a organizar un viaje para llevar a Disney a mis nietos y de paso los visitaré. Aunque, pensándolo bien, mi salud ya no es como era antes. Los ochenta pesan en el cuerpo. Yo no quiero molestarlos a los chicos y solo me decidí por este hogarcito de ancianos. La pasamos muy bien, jugamos a las cartas, miramos la tele, en fin, esperamos a que nos llegue el momento. Lo único que cambió mi vida es que ya no planeo más para adelante. En este instante, estoy solo en una sala, mirando una gran pantalla y ahí veo proyectada mi vida como una película. Me parece mentira que hayan pasado tantas cosas, muchas que ni recuerdo. Uno vive pensando que es inmortal, perpetuo, proyecta y dibuja el futuro como algo lejano y al final, toda la vida entra en un retazo de tiempo. El torrente de las horas, los días, los años, termina resumiéndose en un breve flash que uno ve pasar por delante de los ojos. ¿De qué sirvió especular tanto? ¿Podría uno abstraerse del tiempo y vivir cada instante como este pantallazo final? Ojala tuviera la respuesta, no importa que me haya llevado toda la vida encontrarla. Aun, aunque esté parado enfrente a este luminoso portal que se abre lentamente para darme paso, me sería útil haber aprendido algo en toda mi vida. Me pregunto que habrá del otro lado de la puerta. Ojala haya lunas por descubrir. Yo siempre quise ser astronauta.

domingo, 2 de agosto de 2009

Foto


Aqui estoy en la presentación del libro junto a Ever Luduena (un personaje desopilante)

Y pensar que todo empezó como un juego...

Cuándo empecé a escribir? Podría decir que a la tierna edad de seis anios en la escuela (haciendo gala de un humor previsible y barato). La verdad es que por las actividades que tuve (esto será material para otra entrega), siempre desarrollé algunas ideas más o menos creativas. Hace dos anios, en una radio de una localidad cercana (Arteaga), escuché la convocatoria a un certamen literario, orgnizado por editorial Homo Sapiens, diario La Capital y Sport 78 (todos de Rosario). Este certamen era específicamente de cuentos sobre temas relacionados al deporte. Esta area (la del deporte), nunca fue mi fuerte, pero tenía una vieja idea de escribir sobre una fantasía. Así es que decidí escribir este cuento y enviarlo a la dirección para participar en este nuevo desafío para mi. A los pocos meses, me llaman desde la editorial informándome sobre la selección de mi trabajo, para una edicion de una antologia de cuentos sobre deportes. La alegría fue inmensa, era la primera vez que escribía algo mas o menos en serio y era elegido. Fue así que en diciembre de 2007, asistí a la presentacion de "Cuentos por deportes" en la ciudad de Rosario. Aquí les comparto este primer trabajo publicado. Ojalá lo disfruten tanto como yo, cuando lo escribí:



"EL GOL DEL CAMPEONATO"



Hay cosas que quedan grabadas en la memoria. Momentos, personas y situaciones que formaran parte de nuestras vivencias y recuerdos. Este, es el caso de Antonio Rubén Almada, Almadita en el barrio. En nuestra infancia, vivíamos casa de por medio en el humilde Fonavi de las afueras del pueblo. La calle era de tierra y en la cuadra de enfrente estaba el campo mismo. En la esquina había un baldío grande donde pasábamos jornadas completas, jugando con los demás chicos de la cuadra. Con Antonio, por las tardes, volvíamos de la escuela en bicicleta y no demorábamos más de cinco minutos en sacarnos los guardapolvos y volver a la vereda para ir a jugar a la esquina. Casi siempre, después de pasar un buen rato divirtiéndonos en grupo, volvíamos a mi casa y mi mamá nos esperaba con una merienda abundante, a la que dábamos cuenta en un abrir y cerrar de ojos. Mirábamos un rato la tele y luego llegaba la fatídica hora de los deberes. Nuestra infancia era indudablemente feliz, esperábamos cada día con el único fin de ir a la esquina a jugar. Como éramos todos varones, casi siempre se armaba algún picadito. A pesar de ser un barrio humilde, nunca faltaron pelotas a la hora del partido. El padre de uno de los chicos de la otra cuadra, había hecho un par de arcos de hierro en la fábrica donde trabajaba. De esa manera se evitaba más de una pelea a la hora de resolver si la pelota había pasado por el lado de adentro o de afuera de esos postes imaginarios, que tenían como base la remera de alguno de nosotros. Antonio no era de jugar, el prefería sentarse a un costado y observar con gran detenimiento las acciones de los jugadores. En la medida que fuimos creciendo, cada uno se fue desarrollando en diferentes aspectos, pero los sábados por la tarde, confluíamos al campito de la esquina como llamados por alguna voz interior. Muchas veces, se agregaba gente nueva, pero básicamente éramos siempre los mismos. Antonio se sentaba en un costado como era de costumbre y ahora tenía una libreta donde anotaba las diferentes acciones del juego. El decía, que le divertía más ver el partido que intentar jugar. A veces, en los cortes del juego me llamaba a un costado y me recomendaba cambiar de posición o de lugar en la cancha. Yo pensaba que hubiera sido un buen director técnico, aunque quizás, no tenía carácter para eso. Era más bien retraído y tímido, pero cada comentario que hacia respecto de algunos detalles tácticos, eran muy acertados. Al terminar los partidos, íbamos a compartir algún copetín con los muchachos a la sede del único club que había en nuestro pueblo. Una cálida tarde de verano, lo veo a Antonio, parado frente a un pizarrón que había adentro, leyendo uno de los tantos cartelitos de publicidad. Anotó algo en la libreta que siempre lo acompañaba. Como siempre, terminaba en la mesa con nosotros tomando algo, pero era como si no estuviera. Era muy silencioso y prudente a la hora de hablar. Al final de la reunión, quedamos solos y nos volvíamos caminando para el lado de nuestras casas y le pregunté que le había llamado tanto la atención en el pizarrón. Recuerdo que me desvió la conversación y en eso, yo lo respetaba mucho. Sabía que era reservado, pero al día siguiente, por pura curiosidad, me acerqué hasta la sede para ver de qué se trataba. Entre todos los carteles informativos de las diferentes actividades que tenía el club, había una publicidad muy llamativa que decía: “Escuela de árbitros” y dejaban un teléfono para informes. Durante un par de semanas, no lo vi a Antonio, lo cual no era raro, ya que tenía entendido que estaba de novio con una chica de una ciudad vecina. Viene a mi memoria la tarde de uno de los sábados que nos juntamos, donde Antonio se apareció en el campito y yo lo noté más locuaz de lo normal, más desenvuelto. Igual que siempre, se sentó en un costado y seguía anotando en su cuaderno, cosas que observaba en el partido. Cuando nos fuimos para la sede, le pregunté que estaba haciendo y ahí me confesó lo de la escuela de árbitros. Se lo veía muy entusiasmado. Al poco tiempo me llama por teléfono a mi casa y me invita a ver su debut como referí en un partido de infantiles. Naturalmente fui a presenciar su participación. Revive en mi memoria la entrada de los árbitros a la canchita del club. Antonio lucía una impecable casaca negra, al igual que el pantaloncito y las medias. Se había peinado a la gomina y tenía el rostro serio y circunspecto que ameritaba la ocasión, más allá de que fuera un encuentro entre chicos de diez años. A partir de ese momento, Antonio se dedicó a seguir con su carrera de árbitro, estudiando y perfeccionándose todo lo que podía. Ya era muy reconocido en la zona cuando lo llamaron para dirigir en la primera de la liga regional. Todavía veo la cara de alegría que tenía cuando me lo contó. Estaba radiante, resplandeciente, evidentemente estaba cumpliendo un sueño. La semana previa al partido, se lo percibía muy reconcentrado. Incluso en la sede se lo veía estudiando el reglamento. Siempre fue muy responsable en todo y en esta instancia más que trascendente en su vida se lo notaba más aplicado aún. La tarde del partido, llegamos más temprano de lo normal, a la cancha donde debutaría en primera nuestro querido Antonio, con algunos de los amigos de la barra. El ingreso de la terna arbitral era el momento más esperado por nosotros y la verdad es que no lo reconocimos a Antonio, parecía más flaco, pálido. De cualquier manera, tenía el rostro circunspecto y rígido que tienen todos los referís del planeta. Impecable como siempre, con la pelota bajo el brazo y un andar contundente. Todos aplaudimos con la pitada inicial, algunos plateistas cerca nuestro nos miraron con sorpresa. No entendían que significaba este partido para el árbitro principal y por ende, para nosotros. Al final del encuentro, esperamos a Antonio afuera de la cancha. Recuerdo verlo salir con su bolsito al hombro y su inseparable libreta en la mano. Nos confesó después en la sede, que se había puesto muy nervioso antes de entrar en el campo de juego y que casi renuncia antes de empezar. Con el tiempo, fue juntando experiencia y jerarquía dentro de la liga. Todos le reconocían la justeza de los fallos y como recorría la cancha para estar bien posicionado en todas las jugadas. A pesar de ser tan valorado y haber cumplido con su meta, una tarde, Antonio me contó que aun tenía un sueño por cumplir. No me explicitó más que eso y la verdad es que recién ahora, después de que pasó lo que quizás no debiera haber pasado, entiendo lo que me quería decir.
Hacía casi dos años que Antonio dirigía en la primera de la liga, cuando llegó el día que quedará grabado en el puñado de personas que fuimos hasta Arequito, a ver el partido entre Belgrano y Alumni de Casilda. No había puntos importantes en juego, era uno de esos partidos donde el clima es tranquilo, muchas familias se habían acercado y el ambiente era realmente de fiesta deportiva. Incluso había poca policía en las cercanías del club. Todo era muy normal hasta ese momento. Entran los equipos a la cancha, e ingresan los árbitros, como siempre, capitaneados por Antonio. Todo estaba dado para pasar una autentica tarde futbolera y así, nos aprestábamos a vivirla. Pitazo de inicio, mueve Belgrano de Arequito. Nos habíamos ubicado cerca de los vestuarios en una zona de simpatizantes neutrales. Como era habitual, la hinchada local, vitoreaba a su escuadra y no escatimaba en insultos a los rivales. Todo era muy pintoresco, muy folklórico. Las jugadas se sucedían en un encuentro bastante aburrido y mediocre, mientras que el trabajo de Antonio, era absolutamente impecable como siempre. En el entretiempo, fui con uno de los muchachos hasta el buffet de la cancha, a buscar unos choripanes con gaseosas. Como es común en las instalaciones de los pueblos, siempre hay muchos árboles cerca del buffet y era muy divertido escuchar las inefables criticas tácticas de los fanáticos, mientras devorábamos lo que comprábamos. Como hacía bastante que solo íbamos a la cancha para ver jugar a Antonio, podíamos apreciar las diferencias entre hinchas e hinchadas. Volvimos hasta el borde de la cancha para ver el segundo tiempo. Mientras ingresaban los jugadores, Antonio ya estaba ubicado en el círculo central presto al inicio del encuentro. A lo lejos nos divisó y levantó la mano para saludarnos, se lo veía radiante y feliz. El inicio de la segunda etapa no era muy diferente a la primera en lo que acontecía al juego. Habrán pasado unos veinte minutos, cuando un corner para los locales, cambió la historia del partido. Los defensores forcejeaban con los delanteros mientras esperaban el disparo de la esquina, Antonio observaba de cerca las circunstancias dentro del área y se ubicó un poco más atrás de la medialuna. Cuando el jugador ejecutó el tiro de esquina, la pelota se elevó dibujando una clara comba en el aire. El remate fue muy abierto y pasado, todos los jugadores levantaron la mirada observando como el balón cruzaba el área a una altura considerable, cuando de repente, la pelota rebotó contra el pecho de Antonio, quien la dominó con la frialdad y el temple de un delantero de selección. Clavó la vista en la pelota, y antes de que tocara el piso, la empalmó con la parte externa del botín izquierdo, haciendo que el esférico saliera disparado como un balazo recto, clavándose en el ángulo más alejado del arquero de Alumni, quien no atinó a moverse. El claro instinto de Antonio, hizo que girara la cabeza para mirar al juez de línea, que se mantenía inmóvil. Nunca olvidaré la expresión en el rostro de Antonio, cuando salió corriendo en zigzag con los brazos extendidos como un avión, mirando al cielo, gritando el gol. Intentó unos pasos de baile frente al banderín del corner, puso una rodilla en tierra y levantó el puño. Era una seguidilla de festejos alocados los que dibujaba Antonio en una mezcla de locura y diablura infantil. Por la factura del gol, en cuanto a precisión y espectacularidad, se podría decir que la cancha hubiera ovacionado de pie a semejante obra de arte, pero el mutismo de ambas parcialidades, jugadores, medios periodísticos y todos los demás que poblábamos las instalaciones, era la única forma de expresar tamaña sorpresa. Poco a poco, se empezaron a escuchar unas sonrisas nerviosas de los que estaban en el tablón y no faltó quien le hubiera gritado alguna barbaridad. Una señora que estaba al lado mío, me aseguró que debía ser una cámara oculta para el canal local. No cabía en la cabeza de nadie, otra posibilidad de que no fuera más que un chiste. Miré al grupo de muchachos que acompañábamos habitualmente a Antonio adonde dirigiese y ninguno atinamos a articular palabra alguna. Entró uno de los colaboradores a la cancha, acompañado por uno de los dirigentes locales y se acercaron hasta donde estaba Antonio aun gritando su conquista. Se había quitado la casaca y la revoleaba como si fuera un poncho, sabiendo incluso, que ante un árbitro de la categoría suya, le hubiera costado una tarjeta amarilla. Lo tomaron de un brazo y lo llevaron hacia los vestuarios. Antonio no se resistió y seguía festejando el gol. Los demás jugadores hablaban entre ellos, intentando adivinar como seguiría el encuentro, aunque en realidad eso no le importara a nadie. Regresamos a nuestro pueblo y nos acercamos hasta la sede del club, como era de costumbre. La noticia ya había llegado a través de los que seguían los partidos por la radio. Todos tratábamos de buscar alguna explicación a lo ocurrido, más allá de que no habíamos podido hablar con Antonio. Se habría vuelto loco, sería alguna promesa por cumplir o simplemente la pelota lo sedujo dejándose caer mansamente en su pecho y no pudo menos que acariciarla, dándole el destino que debe tener todo balón, que es la red del arco… quien sabe. La noticia trascendió a los medios nacionales, que de inmediato enviaron reporteros para hablar del tema. Uno de ellos, en la sede del club, intentó hacer una nota con nosotros para averiguar que conducta extraña había en Antonio, evidentemente lo obligaban a conseguir o en todo caso a inventar una historia por demás de absurda, al menos para nosotros. Lo echamos a patadas del pueblo y nos negamos a hacer cualquier tipo de declaración, que pusiera en duda la integridad de nuestro amigo. Por un tiempo largo, no lo vimos a Antonio, alguien contó que lo habían alejado de la dirección de encuentros y que estaba bajo tratamiento psiquiátrico. Desde ese momento, dejamos de ir a las canchas los domingos. Habrá pasado cerca de un año cuando un sábado por la tarde, después de volver de jugar en la canchita con los muchachos, tocan el timbre de mi casa. Cuando abrí la puerta lo veo a Antonio, muy flaco, medio avejentado, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Vestía de manera muy humilde, pero pulcra, tenia como era su costumbre, la libreta negra bajo el brazo. Cuando al fin pude reaccionar, nos abrazamos muy fuertemente y por un instante, creí estar soñando. Nos sentamos en la cocina, como cuando éramos chicos y no parábamos de hablar. Yo no le quería mencionar el suceso del partido en Arequito, sabía que si el quería, me iba a contar. Y así fue.
- Mirá Gallego, vos me conocés de pibe y no te voy a mentir. Si yo tenía un sueño por cumplir, era el hecho de ser goleador. Viste que mi carácter es más bien corto y de chico me costó siempre sobresalir en cualquier actividad, sobre todo la deportiva. Cuando empecé a dirigir, sentí que me iba acercando a lo que más quería. Poder entrar con la pelota a la cancha, como si fuera el dueño, hacer valer los fallos, que se yo… tener autoridad en definitiva, me permitía estar cerca del sueño. Te juro que más de una vez, alguna pelota picando en el área, me sacudía interiormente, pero ninguna como el centro de Benítez esa tarde. Te podría asegurar que cuando la vi, casi flotando en el aire, desde lo más profundo de mi alma, sentí que no podía desperdiciar esta oportunidad y… bueno, que te voy a contar si vos lo viste. Que golazo madre mía! Cada vez que veo el video no lo puedo creer. Perfecta la maniobra. Decime si no tengo razón.
Qué le iba a decir, si tenía razón. Un gol del que aun hoy, se sigue hablando en cada cancha de la liga. Mientras me contaba todo, abrió la libreta y me mostró lo que tan celosamente guardaba en ella. Era una serie de dibujos donde se apreciaban diferentes poses de jugadores pateando la pelota y algunos arcos con esas marcas típicas de las miras telescópicas, adonde debían apuntar con el disparo. Se notaba la evolución del dibujo, desde que era un niño hasta ahora, y si algo me llamó la atención, fue que el gol que hizo en Arequito, lo tenía estudiado hasta el cansancio. Después me preguntó por los muchachos, hablamos de chismes del pueblo y algunas pocas cosas más. Cuando nos despedimos, el seguía radiante de felicidad como cuando había llegado, y medio que ahí me di cuenta de esto que te quiero contar. ¿Vos te diste cuenta que algunas veces uno quiere cumplir con un sueño y termina reprimiéndolo? Antonio pasó a ser una especie de referente en eso. Le importó un pito que dijeran que estaba loco o el montón de barbaridades que se habló acerca de el, solo porque se dio el lujo de hacer realidad su fantasía. Y pensar que el me decía que era corto de carácter. ¿Sabés cuantas cabezas de ventaja nos lleva? Ojala yo pudiera cumplir con alguno de mis sueños… Hace varios años que lo veo muy de vez en cuando, se casó con esa chica de una ciudad vecina y creo que trabaja de albañil o haciendo algunas changas. No se acercó más a ninguna cancha y me contaron que ahora, está en un grupo de teatro. Quien sabe que nuevo sueño está por cumplir.

jueves, 23 de julio de 2009

Bienvenidos

BIENVENIDO

Hola, bienvenido. Pase, pase. Póngase cómodo, por favor. Desde ya le pido disculpas por alguna desprolijidad, sin ninguna duda involuntaria. Permítame presentarme. Yo soy el escritor de este libro. Encantado. La verdad es que soy bastante nuevo en esto de ser autor. Muchas veces he estado en su lugar de lector, pero créame que este lado del mostrador es bien diferente. Cuando empecé a volcar en el papel algunas ideas que tenía, nunca imaginé que llegaría el momento de recibir a gente tan distinguida como usted. Para mi es un verdadero honor tenerlo hoy aquí. Seguramente usted habrá cavilado entre otros títulos, tal vez más interesantes que este. Al menos ese era mi estilo. Elegir tres o cuatro libros antes de optar por uno. Es cierto que uno a veces, se deja llevar por la impresión de una tapa más o menos original, colorida. O tal vez por un título sugerente, que depare algún interés previo a la lectura. Esto, independientemente a conocer al autor, que torna la elección mucho más fácil. Ninguna de estas opciones, asegura la calidad del material, pero uno, con la experiencia de la lectura, va desarrollando una especie de intuición, y así, evita la compra de libros que solo serán relleno de biblioteca. Por eso mismo, estar como escritor, en este momento y con usted como lector, es un verdadero desafío. Lo que creo necesario aclararle, es que yo no acostumbro escribir para agradar. He conocido mucha gente que hace cosas con el único fin de cautivar y atraer a los lectores (desde mi humilde punto de vista: clientes). Yo no soy lo que diría un mercenario. Todo lo contrario. Puede ser que algo que lea en las páginas sucesivas, no sea de su gusto, y si lo cree necesario, hasta podríamos debatir algunas ideas encontradas. Lo que si le aseguro, es que cada palabra escrita en este libro es total y absolutamente genuina. Usted quizás piense que peco de soberbio, en todo caso le diría que es la expresión más pura de mi ser la que aflora en cada página de este ejemplar. Tampoco quiero que se haga ilusiones de encontrar las respuestas a cuestiones existenciales ni nada por el estilo. La invitación que le hago humildemente, es la del esparcimiento y solaz ya sea en un viaje en colectivo, en alguna playa recóndita o tal vez en el living de su casa. No es de mi incumbencia. Como diría alguna vieja canción infantil, solamente le abro la puerta para ir a jugar, con sus sentimientos, sus emociones, su imaginación. Porque creo que de eso se trata leer. De tener un punto de vista personal de lo que el autor quiere contar. A veces a los escritores, nos elogian por ser imaginativos e inteligentes, cuando creo que el lector debe aplicar un grado elevado de creatividad para completar la obra.
Si me permite, no lo demoro más. Venga, pase y gire la página. Estoy seguro que disfrutará del viaje que le propongo.
Una vez más, bienvenido.